Las Ruinas de San Ignacio fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1984, debido a su importancia cultural e histórica para la región, y constituyen un ejemplo muy representativo de los abundantes establecimientos jesuitas que es posible encontrar en todo el territorio argentino. Aunque el principal objetivo de estas misiones era, sin duda, la conversión de los aborígenes guaraníes al catolicismo, estas congregaciones funcionaban también como células económicas complejas, donde se ofrecía alojamiento, educación y trabajo no solo a los aborígenes sino también a colonos españoles.
Como puede verse también en establecimientos jesuitas en otras regiones, los edificios principales estaban organizados alrededor de la Plaza, y fueron construidos a imagen de importantes edificios europeos. La iglesia estaba ubicada sobre el extremo norte de la Plaza y rodeada por la casa de los párrocos, la escuela y la sala de trabajo.
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